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Hambre y Revolución

Escrito por Juan Pablo Proal, on 29-09-2009 09:03

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Publicado el : Denuncia Social, Denuncia Social


 El secuestro del avión 576 de Aeroméxico y la matanza en el Metro Balderas exhiben la incapacidad del estado para garantizar un ambiente de convivencia social. Esta es la conclusión a al que llega la psicoterapeuta de la Universidad Gestalt de América Edith Tavares, de acuerdo con una noticia publicada por el periódico Reforma el 24 de septiembre.

 

En su edición 1716, la revista Proceso titula su reportaje principal “Brotes de hartazgo social”. En el texto, el semanario consigna una protesta de 600 manifestantes en San Luis Potosí, fatigados por la falta de empleo.

HartazgoLos protagonistas de los anteriores incidentes tienen un móvil común: la pauperización del país.

El político e hispanista inglés James Howell decía que “Un hombre hambriento es un hombre enojado”. Esta frase aplica, sin duda, en los casos anteriores. El pueblo mexicano tiene vacío el estómago, el bolsillo, el futuro y la esperanza. Está iracundo.

¿Cifras? El 23 de septiembre pasado el INEGI reportó que el desempleo registró su nivel más alto en los últimos 13 años, con un 6.28 por ciento. La cifra de desempleados se estima en 2.2 millones. El Programa de Naciones Unidas en México calcula que hay en el país alrededor de 21 millones de pobladores con pobreza alimentaria.

Es todo un ejército potencial de la ira, del hambre. Habitantes olvidados de los planes de crecimiento. Sin una almohada donde resguardar su desesperanza. Una incubadora de desequilibrio.

En 2002, Jubencio Grueso tomó como rehenes a 20 personas en Cali, Colombia, en reclamo por no obtener ayuda en la Red de Solidaridad paran alimentar a su esposa Natalia y a sus ocho hijos.

Jubencio se vio obligado a mudarse de su natal El Tambo a Cali, a causa del conflicto armado en Colombia.

A finales de 2008, en Haití, el huracán Ike provocó una hambruna sin comparación en ese país. A partir del siniestro, los pobladores desataron una ola de violencia, robos y saqueos, en aras de obtener alimento.

Un dicho popular refiere que las cárceles están llenas de hambrientos. En las noticias es común encontrar casos de ladrones de comida, confinados a penas de hasta diez años por saciar su hambre.

DesempleadoEl economista Macario Schettino advierte que en México sobran desempleados sin más cualidades que ofrecer al mercado laboral que mano de obra para el sector servicios. Es decir, abundan meseros, lavaplatos, conserjes, trabajadores domésticas o limpiaparabrisas. Pero la oferta laboral para ellos es casi nula. Ahí, en ese sector, está germinando el clima social propicio para la violencia.

Quienes han estudiado el fenómeno, dicen que los adolescentes de los estados con alta presencia del narcotráfico se suman a las filas de la delincuencia organizada por falta de oportunidades laborales.

 

La revista Nexos en su edición de agosto pasado publicó un reportaje de Diego Enrique Osorno sobre los jóvenes narcotraficantes en Nuevo León. En el texto se explica que los adolescentes se ligan con los capos por ausencia de espacios deportivos, hogares con estabilidad y oportunidades de crecimiento.

Alguien dijo que si en México no ha habido un estallido social es porque la clase pobre, los hambrientos, ahora se dedican a la delincuencia o desde hace tiempo emigraron a Estados Unidos. Pero la cifra de desempleados crece y no todos quieren irse al país vecino ni mucho menos se arriesgarían a convertirse en criminales. ¿Qué sigue? Sospecho, que más revueltas estilo Josmar y Metro Balderas.


Revisado el: 29-09-2009 09:41

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