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Escrito por Juan Hacecas, on 01-05-2009 12:42

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Publicado el : Literatura Alternativa, Literatura

Hoy fui a tramitar mi visa en la aduana de los EEUUA, en la ciudad de México, en el mero defectuoso. La cita me salió en más de pinches 500 varos el minuto, pues en lo que se hacen pendejos para pedirte todos los requisitos se te va el minuto a güebo.

 

 

 

Pero no había pedo, mi lana ya me la había gastado desde una semana antes comprándome un ipod, esas madres para escuchar música. A esta que me compré dice que le caben 80 yigas, o lo que me dijo el compa que me la vendió de contrabando, “le cabe un chingo”, además, según ese buey, no la pueden detectar en los aeropuertos ni en ningún lado con detector de metal. Y lo le dije: y para que chigados quiero que no la detecten. Luego luego ese cabrón se sacó de la manga que era la versión limitada con antena para radio y la mamada y eso la hacía más valiosa- te la estoy dejando igual de precio que una normalita y sin cobrarte lo que me costó quitársela al dueño original-. La neta era de considerarse y me la llevé.


A las 10 de la mañana era la cita en esa pinche embajada que me caga las pelotas, porque ya me han negado dos veces la pinche visa. Esta vez quiero caerle al gabacho para ver una nalguita que conocí por el internet. Ya sé que esas son pendejadas, pero chance y sí es la de las fotos que me ha enviado, ya si no... pues la mando a la verga y me agarro a otra.


La primera vez me la negaron porque según “los meksicanous no pagar impuestos. Sólo para sacar visa pagar impuestos. No ser confiables su papeles”. Pinche mona, además era asiática y con todo el respeto al pluriculturalismo, pero que no se subleve con los mexicanos la pendeja. La mandé a la chingada, o más bien ella me mandó primero, pero vale madres hoy me la dan a la de a güebo.


El camino para el monstruito federal estuvo de la chingada. Como me sentí ejecutivo, no sé por que carajos, tal vez por traer una ipod bien mamona que no me la iba a detectar la gorda de la estación, pero me trepé en la versión de lujo del ADO. Pues valió verga que fuera de lujo, esas son mamadas como siempre lo he dicho. La película estaba de la chingada y como era doblada al español y de caricaturas, no dejaban de gritar los personajes con sus voces pitudas. Y para acabarla de chingar, el niño que iba sentado atrás de mi se sabía toda la pinche película y la iba narrando. A la verga... yo que agarro mi ipod anti detectores y que me clavo con el punk de Vomito Nuclear. Estos cabrones son una verga.


Traigo todos los discos que han sacado, pues con eso del internet, hasta las primeras rolas que sólo las garbaron en kct las encontré, y a güebo, todas las traigo en esta madrecita. Como por ahí de una hora después de haber salido que me quedo bien getón, hasta que un pinche gordo me despertó con su enorme culo que iba abriendole el paso por el pasillo del camión. Ni pedo, me quedé a la mitad de mi rola favorita, el pedo fue que no sabía como se apagaba esa madre, así que le apreté todos los botones hasta que dejó de sonar.


Eran las nueve y media de la mañana y parecía que toda la gente quería ir a la embajada, el metro estaba hasta su puta madre de lleno. Para que chingá van todos si la mitad de los que acá estábamos se brincaron si pedir permiso- pensé- ya hasta me estaba imaginando como sería caerle de mojado. No mames tendría que caminar un chingo y luego los polleros que son unos pasados de lanza, no no mames mejor le veo la cara otra vez a esa cabrona que me negó la visa y le hago ojitos, va a ver, como de que no me la da.


Por andar pendejeando me pasé una estación y tuve que pasarme al otro lado para regresarme. Pero ese metro estaba hasta la chingada de gente. No sean cabrones, un pinche culero de plano me arrimó sus nalgas para echarme hacia adentro y luego me dijo- muévete mano ahí hay lugar-. En el segundo piso o dónde- pensé, porque si se lo decía seguro me sacaba a madrazos-.


Después de andar saltando de transporte en transporte llegué a la embajada por los chescos de los Estados disque Unidos. Ah cabrón, me cae que todos venían para acá- me dije-. La pinche cola estaba más grande que la de la vieja que me esperaba del otro lado. Váyanse a la chingada. Pero ni pedo, ya estaba ahí. Qué le iba a hacer.


Pues mientras tanto saqué mi ipod, y así se me pasó una hora... tratando de prender esa mamada que el cabrón que me la vendió la dejó con la pinche clave de su dueño anterior y vale madre. Le apreté todas las funciones que se podían y hasta pensé que la había descompuesto pues derrepente se apagó así de güebos.


Ya adentro de la embajada luego luego la mala vibra, los pinches policías te tratan como en un campo de concentración, te quitan hasta el reloj para que lo pongas en una charolita, no vaya a ser que traiga una metralleta en el extensible. Me cae que nos creen unos criminales a los mexicanos, ¡y hasta en nuestro propio país!


Chale pues los pantalones casi se me cayeron, porque me cargaba un cinto con una evilla bien mamona, que me consiguió un cuate, del chopo.


Justo entrando que me voy topando con nada más y nada menos que con El Tri, el pinche Alex Lora con su esposa bien acaramelado en las sillas de espera. Y lo más cagado es que a mi me tocó sentarme atrás de ellos. La neta no soy de los que acostumbra a pedir el autografo y esas mamadas, además El Trí nunca ha sido mi máximo pues se pirateron un chingo de rolas del Rockdrigo. Pero ni pedo, me volví una víctima de la emoción y le pedí al Lora que me firmara una espiga para tocar guitarra que cargo en mi cartera. La neta se portó chido, hasta me deseó suerte, como si supiera que esta podría ser la tercera vez que me negaran la visa.


Pues la espera se tornó más tranquila, ya hasta estaba imaginándome con mis cuates, a los que sí les pasa el Alex Lora, enseñándoles el autógrafo... a güebo. Estaba bien clavado pensando puras pendejadas, tocando la lira junto con el güeas- o como se llame ese feo que toca la harmónica- y las chicas aventándome sus sostenes, y una tanguita amarilla, mmm.


Creo que ya llevaba un ratote así, hasta que unas nalgas se pusieron casi en mi cara. Ah chingá, gracias, que vengo con hambre-pensé-. Una morra de qué bárbaro, sólo le faltaba yo del brazo para que fuera perfecta. Me das permiso- me dijo-. Sí pásale, sientate. Uta, me cae que la fortuna estaba de mi lado, y la vieja más buena también.


Todavía faltaban 35 números para que pasara mi turno. Cada vez que veía a las ventanillas se me encogía la pinche tripa. -Hijos de la chingada- rezaba dentro de mí- me cae que por eso hay tanto ilegal, por ustedes, bola de ojetes.


Pero todo se calmaba cuando el olor del perfume de la morra de a lado me llegaba a la nariz. No mamen, si de reojo se veía tan buena... Pues ya de plano que me volteo a verla descaradamente, el pedo es que mis ojos luego luego se fueron a sus pechos. Ya cuando llegué a su cara, me di color que me había cachado en la movida. A qué parte vas- me preguntó- A los Ángeles- Y a qué vas- Pues, este, a ver a mi hermano que trabaja allá, ajá.


Chingada madre, no me pude controlar y mi pantalón se comenzó a abultar, no podía disimular así que metí con cuidado la mano a la bolsa de mi pantalón. Verga, en ese momento me di cuenta que traía el pinche ipod en el pantalón. Vale madres si me lo ven me echan pa' tras por burlar a los pendejos guardias. Chinga a su madre, era neto lo del detector de metales, ni siquiera se dieron color que lo traía y a mi se olvidó. Traté de sacar con cuidado la mano para no notarme nervioso, pero era tal mi erección que a güebo se notaba que traía algo guardado.


En la desesperación traté de subirme el pito hacia el ombligo para aminorar el bulto, pero en eso que se da color la chava y que se para y que se va. No mames, que pinche pena. Pues valiéndome verga todo saqué la mano de la bolsa del pantalón y me levanté para seguirla, pero en el movimiento que sale volando el pinche ipod.


Los güebos se me fueron a las anginas de un chingadazo. Volteé a ver al guardia más cercano pero estaba pendejeando mirándole las tetas a una ñora cuarentona. Puta, ahora tenía que ir por esa madre antes de que me la cacharan. Tenía que pasar encima de las piernas de toda la raza que estaba sentada en la fila para darle vuelta y llegar hasta donde salió volando el pinche ipod.


La morra sólo se cambió un par de asientos, pero ya ni volteé a verla, entre el miedo y la pena sólo podía pensar en recoger esa mierda en la que me había gastado un varote.


Estaba a unos cuantos pasos de recoger el aparatito, cuando de pronto sentí un putazo en el hombro, que casi me volteó. Un pinche guardia pasó hecho la chingada. No tardé en incorporarme, cuando de pronto vi que otro guardia pasó casi atropeyándome. Mejor me paré bien para ver qué pedo, pero la música no me dejaba concentrarme. Verga, la música... qué chingados hacía una canción de Vómito Nuclear sonando en la puta embajada de los Estados de Alerta Unidos.


Puta madre, la pinche antena de mi ipod se conectó con las bocinas de la embajada. ¡No mamen!. A todo volumen sonaba la canción más jija de su puta madre contra los güeros. “Pinches gringos de mieeeerda” se escuchaba por toda la sala.


Peor que un atentado, jijos de sus chigada madre, sacaron primero a todos los cabrones que te revisan los papeles para ponerlos, según esto, a salvo. Entre todo el alboroto, agarré en chinga mi ipod y me salí por la entrada que se quedó sin policías, corrí vuelto madres dos cuadras, paré un camión y luego, por supuesto, me puse mis audífonos para terminar de escuchar la rola “... esa es la verdaaaad”.

 

 

 

Revisado el: 01-05-2009 12:42

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